COMO A SU PADRE

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Así comienza la historia de Juan, arrastrando la costumbre del primogénito varón y la idiosincrasia judía: “Nadie se ha llamado así en la familia”. Lo que acontece es la ruptura de las tradiciones y del no cuestionamiento.

Reconocer la voluntad de Dios es descubrir por dónde ir. La historia del nombre de Juan nos acerca al corazón de Dios y preocupación y la atención que tiene con sus hijos: “Dios se acuerda” y “Dios promete” es la conjunción de los nombres de Isabel y Zacarías. Y así se produce el cumplimento de la promesa que Dios hizo a su pueblo: futuro y fecundidad.

Desconocer los deseos de Dios nos lleva a confundir. Esta misma historia pudo acabar de otra manera si hubieran nombrado a Juan con el nombre de su padre. No hubieran cuestionado a Zacarías ni menospreciado a Isabel. La paz y la tranquilidad del grupo sustentada en repetir lo de siempre; en no complicarse la existencia. Y así, ni hubiera existido el Juan Bautista ni su reconocimiento del Mesías.

La historia de Juan fue controvertida hasta el final. Su profetismo se detiene cuando aparece Jesús en escena. Otro giro de tuerca a una tradición continuista. Juan da un paso atrás para que Jesús se lleve la fama y  hasta sus mismos discípulos. Algo que no solía ocurrir y que nosotros no solemos ver: dejar el paso a otro de buena gana, con alegría y sintiendo el trabajo hecho como un logro.

La resistencias a dejar de hacer lo que hacemos; las tentaciones de ser más de lo que somos; las búsquedas de reconocimiento para que nos eleven son tan habituales entre nosotros que Dios se retira. Y lo hace porque no quedan “juanes” que sepan ser eslabones necesarios y no imprescindibles. Por eso se pregunta el evangelio: ¿qué será de este niño? Y la historia responde: un mártir de su pueblo. Un día lo alaba y por detrás lo vende.

¿Dónde nos encontramos nosotros? ¿Seguimos entre la gente, al acecho para corregir a Isabel, cuestionar a Zacarías y minusvalorar a Juan por no haber llegado a Mesías? Pongamos ante Dios nuestras motivaciones para que las purifique en el bautismo de Juan. Y así rompamos con la deriva y acabar como todos… como tu padre (Israel).