BREGANDO Y CON GRACIA

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Toda la noche la hemos pasando bregando” -¿Y?- Pues poco o nada. Este fragmento del evangelio de Lucas provoca hilaridad tras tantos siglos de invitaciones del Maestro. A veces me siento inmerso en una vorágine de trabajo que se justifica por los esfuerzos invertidos y por las estrategias utilizadas. Pero todos son “de noche”. Y en la noche, los discípulos pescan poco o nada. Necesitan la claridad de las palabras de Jesús y la dirección de su mirada para que su trabajo obtenga otros peces, otras cantidades, en otras latitudes y longitudes.

En la mañana, mientras Jesús predica a una muchedumbre, unos pescadores atracan. Llegan a puerto y hacen recuento de lo pescado. La verdad; muy poco para el tiempo invertido, y se disponen a recoger las redes de la faena. Se da un contraste entre la cantidad de gente que escucha y la escasez de pescado que se trae. Y eso provoca un cambio: en Jesús, que necesita de manos y en los pescadores, que precisan impulso. La mañana de la resurrección ocurrirá algo parecido. La noche impide sacar algo del lago mientras que la madrugada provoca el milagro: “Es Jesús” y “echad la red de nuevo”.

Pues no aprendo. Vuelvo a salir de noche poniendo fuerza de voluntad y multitud de medios. Y doy vueltas y vueltas en la cama porque me cuesta confiar en que el amanecer hará todo más sencillo y de otra manera. Y es que la gracia posee un no sé qué de riesgo y de variabilidad que no me cuadra en la costumbre.

Y sigo proponiendo los mismos objetivos vocacionales y buscando donde hay pesca. Me apunto a cursos y métodos que rastrean en las noches pensando que los números cantan en las redes de quienes los promocionan. Pero sigo en la noche.

Y a eso añado el mismo pecado que Pedro -por el que pide perdón-: no “dar su brazo a torcer”, por reconocer que sus modos no son los de Dios y sus deseos los del reino. El milagro ha propiciado su sorpresa. ¡Pues me faltan luz y milagro! Porque no me arriesgo a hacer las cosas de otra forma, en otros lugares y a otros tiempos. Y me canso y nos cansamos. Y pesco y pescamos lo que se ve en las redes: poco o nada para tanto faenado. Y pierdo el humor y gracia que se me regala.

¿Y si escucho y lo dejo todo? ¿Cómo nos iría?