Flechas amarillas

Flecha-Amarilla

Tal mes como julio resulta obligado para alguien como yo, que vive en Compostela, sacar a colación el Camino de Santiago. Pero en mi caso desde la perspectiva menos conocida de quien vive, literalmente, a la sombra del Apóstol. Mi Comunidad se “esconde” tras la inmensa mole de piedra, jalonada de geranios, que cierra uno de los laterales de la Plaza de la Quintana, justo en frente a la Puerta Santa. Somos testigos, silenciosas y orantes, de tantos peregrinos que aquí llegan y marchan. Somos como la última “flecha amarilla” de la Vía sacra.

Aunque lo cierto es que el Apóstol (en Compostela es siempre Santiago, no san Pablo) es la gran flecha que a Cristo señala.

A esto estamos todos llamados: a ser simples y fieles flechas que la Meta señalan. Que todo hermano, peregrino de la vida, encuentre nuestra amable y consoladora presencia justo en los recodos más confusos y cansados, pero también en los gozosos que confirman su experiencia recorrida.

Necesitamos acompañar y ser acompañados desde la escucha, la libertad y el diálogo. ¡Qué gozo es encontrar una flecha que anima! Flecha que no se queda en ella misma sino que señala más allá y más arriba.

Y es que para el caminante las mejores flechas no son las que están, grandes y hermosas, en las vías principales sino las que, quizá cubiertas de musgo y medio escondidas, se encuentran en veredas y campos de pastizales. Es verdad que esto último no depende de la flecha, es Dios quien nos llama y “coloca” por medio de la Iglesia, pero tengamos en cuenta que todos somos caminantes que necesitamos la orientación, la “flecha” de los demás y, a su vez nosotros mismos somos flecha y ayuda en el común caminar siempre y cuando ningún viento voltee nuestro poste… salvo el del Espíritu que, Éste, siempre sabe más…

La flecha es punto de llegada momentánea para ser punto de partida. Como lo es la Santa Regla que san Benito nos dejó: a sus ojos un “bosquejo”, una invitación dinámica: “Escucha… y llegarás” Así comienza nuestra Regla y así termina. De lo que se trata es de seguir a Jesucristo tomando el Evangelio por guía.

Flechas, flechas portadoras de vida… ¡Qué gracia! justo el mismo símbolo de “salida”…

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