Ecos de paz

Shalom! ¡La paz contigo! resonó en la estancia. Y una mujer anciana, aunque grávida de esperanza, se atrevió a salir de la casa y saludar al Mesías que una Joven, en su seno, albergaba.
Bella parábola para nosotros en este Año de la Vida Consagrada: la Visitación de María a su pariente Isabel, la anciana.
A veces, nos comportamos como Isabel, temerosos y escondidos, no nos creemos capaces de mostrar el tesoro que el Señor cada día nos regala. Isabel se fija demasiado en su edad avanzada… Y es que siempre me llamó la atención la reacción de Isabel: cinco meses escondida en la casa cuando por fin concibe al hijo que tanto anhelaba.
Pero, no me quiero parar en el temor de Isabel sino en el encuentro de estas dos mujeres, el ver cómo el saludo de María desencadena semejante cascada de gozo y alegría, de fe y profecía. Pero, ¿qué le diría? y sobre todo, ¿cómo se lo diría? Pienso que la saludaría tal y como he iniciado estas líneas, con el típico saludo: Shalom. Palabra hebrea que, como todos sabéis, significa paz, pero también salud, bienestar, prosperidad. Era un saludo de lo más normal. ¿Entonces? ¡Ah! pero María llevaba en sí una Presencia, y del dicho al hecho, esta vez, no hubo mucho trecho: Isabel supo descubrir el paso del Señor en el sencillo y cotidiano saludo de María.
¿Y nuestros saludos, van grávidos –nunca mejor dicho dado el contexto evangélico– de Presencia? No se trata de decir grandes palabras y menos aún de forma afectada, se trata de transmitir vida, dejar que el Señor fecunde y se manifieste en nuestras vidas, ser personas de encuentro y acogida.
Hace apenas un mes comenzamos el Año de la Vida Consagrada, salgamos animosos, como María, con el bordón en el corazón, es decir, descentrados de nosotros mismos, al encuentro de nuestros hermanos, empezando por los de nuestras comunidades, esos “parientes” que quizá estén necesitando, como Isabel, ser ayudados a dar a luz una nueva vida.
Mirémonos al espejo: ¿somos Isabel, somos María? En cualquier caso, al final, las dos cantan unidas… Acojámonos con ternura, es camino seguro para sembrar paz y alegría.

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