En ese justo momento

Hay tantas actitudes que denunciar entre los que seguimos a Jesús.., pero es mejor anunciar la salvación.

Y hacerlo para todos aquellos que necesitan de Dios. Sean conscientes o no, estén dentro de la comunidad cristiana o anden en otras familias, vivan en justicia o perdidos de sí… Porque siempre llega el día o la ocasión en que Dios nos saca de la «rebeldía para tener misericordia de todos».

Esta apertura de Dios la comprende Jesús, no así sus discípulos. Ellos se sienten del pueblo elegido y excluyen al resto; sean extranjeros o vecinos. Siguen en la convicción de ser únicos en la entrada del reino y determinan a Dios. Jesús lo sabe, y fuerza la situación con la cananea para que ellos mismos se abochornen.  «Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel» -dice Jesús- y provoca dos reacciones: la confianza de la mujer en su poder de curar y la intercesión de aquellos pescadores por una madre que sufre.

Ahí les esperaba Cristo. Cuando la necesidad cobra rostro, los argumentos teológicos se suavizan: la pecadora pública, la samaritana, el leproso, Zaqueo, etc.

¿Y nosotros? ¿Suavizamos los argumentos sociales y políticos ante el sufrimiento de los demás? Ya se encargará Jesús de poner un rostro y un nombre -ante nosotros- para que no podamos escabullirnos sin dar una respuesta. Para que miremos a Cristo y elevemos nuestra oración en favor de aquellos que consideramos perdidos, equivocados o enemigos.

En tiempo de contaminación y pandemia, «en ese justo momento quedaremos curados».

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