¿En pie o de rodillas?

Jesús fue un fracasado a los ojos de todos. No acabó con el sufrimiento, la enfermedad o el dolor. No estableció un doctorado en teología en el templo, ni regentó una sinagoga. Jesús no pudo retener ni tan siquiera a sus discípulos la noche antes de ser ejecutado. Su vida concluyó en un fracaso rotundo a los ojos de la política y las estadísticas.

Sin embargo, Jesús venció a la muerte y fue restaurado por el Padre. Su aparente fracaso comenzó mucho antes; al dejar su cielo para encontrarse con la humanidad en todas y cada una de situaciones. ¡Bajó hasta los infiernos! De ahí, que la afirmación haya de ser corregida inmediatamente: Jesús salió victorioso.

Y resucitado se mostró a los discípulos como «Señor». Lo que no significa que todos lo llegaran a comprender. Algunos «se postraron» -se arrodillaron- ante Él como ante el único Dios. Pero «otros vacilaron» -se mantuvieron en pie- porque sus criterios les impedían doblegarse a la victoria sobre la muerte.

A lo largo de la historia nos hemos debatido entre arrodillarnos o mantenernos en pie ante el Misterio de Dios. Nos hemos mantenido en pie, cuando hemos exigido a Cristo que nos liberara de nuestra cruda realidad y ésta no ha variado. Hemos dejado pasar la oportunidad de conocerle como es y, en nuestro enfadado, nos hemos atragantado con la Iglesia. Para después ponernos de rodillas ante el primero que pasaba y nos prometía la libertad y el milagro fácil. Nos hemos arrodillado, cuando hemos comprobado que la cruz y la gloria son contemporáneas: en la vida de Cristo y en la nuestra. Y eso nos ha dado la fuerza para enfrentarnos a la vida con la cara alta -como hijos de Dios-, sin arrodillarnos antes los poderes sociales o políticos.

Hoy Jesús es el «Señor». Aquel que ha bajado de su mundo para ponerse de rodillas ante nosotros. Aquel que ha acogido la humanidad de tal manera que nos educa para amarnos en lo que somos y podemos. Aquel que transita los infiernos de las pandemias de cada momento de la historia perdiendo la propia vida.

Hoy Jesús es el «Señor». Aquel que recoge vidas y levanta corazones para que no nos arrodillemos ni ante un virus ni ante un político ensimismado: sino ante el hermano.

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