Jornada de puertas abiertas

Es el slogan más usado en estos días de estos meses en nuestros colegios. Significa mostrar la oferta educativa de nuestra educación católica concertada a una sociedad que dice elegir todo con criterio y libertad. El caso es abrir las puertas de casa a quien quiera entrar y ver.

Pero, ahora ¿cómo lo hacemos? ¡Si el hashtag es #quedateencasa y cuídate para no contagiarte! Si la puerta ha de permanecer cerrada para protegerse, ¿qué sentido tiene abrir y que entren?

Ante esta realidad, me parece adecuado el giro estratégico de Jesús en evangelio de Juan cuando arguye: “El que entra por la puerta es pastor de las ovejas. Las ovejas atienden a su voz, y él las va llamando por su nombre y las saca fuera” (Jn 10, 2-3). Comparándose a un pastor relata su función de sacar a los suyos y darles la libertad. Como hacía hace unos domingos cuando “estando las puertas cerradas –por miedo- entró Jesús y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros” (Jn 20, 19-20).  Cada vez que el Resucitado aparece provoca el #salsinmiedo

Entonces qué hacemos, ¿nos quedamos o salimos? ¿Nos recluimos o visitamos? “Como aquellos no entendieron de qué les hablaba, añadió: En verdad, en verdad os digo: Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos” (Jn 10, 9).

En el fondo de estas jornadas anuales, en las que todos nos vestimos de ilusión para darnos a conocer lo que queda de manifiesto es que hacemos muy bien lo que nos gusta, trabajamos por cambiar el mundo y educamos desde el evangelio.

Y para eso no hace falta salir del confinamiento sanitario sino #abrirlaspuertasdelcorazon

Esta entrada fue publicada en Reflexiones encarnadas. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *