Inocente

Llevar a la práctica el tortazo por bueno es un reto en la sociedad de hoy.

Reto sin novedad. ¡En cuántos momentos de persecución de cristianos no se ha llegado al martirio! Aún ocurre –como nos recuerda el Papa Francisco- y en mayor número que en épocas pasadas.

Saliendo al paso de la abnegación o de la sumisión -con la que se nos contaban las historias de los mártires-, hemos de contrastar con lo que vivimos. ¿Cómo decir en catequesis que pongan la otra mejilla ante una ofensa? ¡Qué inocentes! Estamos en un momento social y cultural –en el mundo occidental- en el que educamos en la defensa. El acoso y la no aceptación toman tintes psicológicos y nombres en inglés. Y decir, que ante una ofensa uno no tome partido, sino que se aparte, suena a desinterés, irrealidad y falta de compromiso.

Jesús no da una doctrina obligatoria para todos. Sólo para quien se ha abierto a la perspectiva del reino de Dios. Y a esos que buscan amar “hasta el extremo” se les ofrece una respuesta no violenta. No hace tanto en las escuelas de España celebrábamos en día de la Paz y la no violencia. Una reflexión que se hace más digerible si los ejemplos nos vienen de Oriente o de los movimientos sociales que de las frases del Evangelio. Y aun así, cuesta conjugar no violencia con defensa.

El “cómo eres tan tonto que no te has defendido” está en nuestros genes. Por muy religiosos o cumplidores que seamos en nuestra iglesia. Y sigue siendo un tema poco asumido en nuestra vida cotidiana; siendo adultos como somos.

Jesús se nos presentará como aquel que por amor y compromiso se dejará hacer. Sufre pacientemente el agravio y así da muestras de ser hijo de un Padre «que hace salir el sol sobre buenos y malos y manda la lluvia sobre justos e injustos».

Esto lo han vivido y sufrido muchos “en martirio”. Y lo seguirá haciendo quien de verdad se siente hijo del Padre. Y nosotros, de momento, hemos de mostrar que las relaciones entre los semejantes pueden ser de otra forma a como educamos. Sembrando para el martirio.

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