In their own way

El paso del tiempo nos aboca a vivir a nuestra manera, a decidir a nuestro modo, a repetir lo conocido, a propiciar lo probado. Nos unimos, además, a una tradición y variamos poco. La fuerza de la costumbre nos permite sobrevivir.

Y así le hubiera gustado soñar a José. Casarse con su prometida María, tener hijos, enseñarles en el taller y ser feliz en su pueblo. Lo que sueña todo hijo de vecino. Pero la historia fue otra.

Porque en su familia, la normalidad no fue la tónica. Sus antepasados se sucedieron de la manera más impensable. No siempre heredó el primogénito, ni lo hicieron siempre los varones. Algunos de ellos fueron corruptos, algunas de ellas mujeres poco convencionales. Por eso, la sorpresa no debía ser tanta. Fue Dios el que modificó la historia prevista por José. Ni fue como el previó ni en el momento que le hubiera gustado.

Considerar lo que nos acontece -como una contrariedad- es nuestra genética de José. El ser cristiano, el haber entregado la vida a Dios debiera ser una vacuna contra el virus de lo imprevisto. Nuestra honradez y compromiso deberían ser suficientes para que Dios nos respetara. Pero no es así. Dios se sirve de quien ama para cambiar la historia y quizá por eso te encuentras donde te encuentras…

La promesa de que Jesús nacerá en tu vida persiste y la resistencia a que sea al modo de Dios, también. Por eso, en estos días -que quedan-, dejemos de luchar contra el viento del futuro para dejarnos llevar por el Espíritu del presente. Abramos los ojos para ver las señales de su llegada y las palabras del ángel: «Mirad, la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel que significa: «Dios‑con‑nosotros». Y si sueñas, que no sea sólo en loterías, sino ¡a su manera!

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