¿Dónde estás?

«He aquí la esclava del Señor»

La respuesta de María a la pregunta que Dios hace a Adán muestra la relación que la humanidad ha de tener con su Creador. Una humanidad modelada con amor y con una libertad que la convierte en la Criatura reflejo de la gloria de Dios.

Y así lo quiso Él desde el comienzo. Y así lo desea en la actualidad donde no hay «varón, ni mujer, ni esclavo ni libre» ante sus ojos. La puerta de entrada a este mundo lleva nombre y apertura de mujer: María. Porque Dios quiso y deseó. Y con la que realizó la obra más maravillosa de compasión por sus criaturas.

Ahora, la pregunta no desaparece. El «¿dónde estás?» se sigue pronunciando cada vez que nos separamos de su amor y nos acusamos entre nosotros. Se sigue escuchando al compararnos y relacionarnos con violencia. Se sigue escribiendo cuando unos hijos de Dios se arrastran ante las puertas de sus hermanos. Se intuye cuando se obvia la espiritualidad como ADN de la humanidad. Queda como eco cuando desaparece su rastro en los razonamientos.

Y mientras encontramos respuestas. La «mujer vestida de sol, coronada de estrellas» nos recuerda los orígenes y nos proyecta al futuro; donde la humanidad desemboca en una sinfonía de la Creación donde cada uno desempeña su cometido en sintonía. Sin abusos ni poderes; con cuidado y caricias.

Eso sí, con rostro de Dios y entrañas de mujer: «Hágase en mi».

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