¿Se nos nota?

Pregunto por la Resurrección de Cristo. Una gracia que se nos da de manera inmerecida y que nos hace vivir esta vida con soltura. ¿Se nos nota?

 Un grupo de saduceos se acerca a Jesús para reírse de su doctrina. Tuercen el argumento de la Ley para ridiculizarle y afirmar que la muerte es el final de la vida y que el futuro está en manos de la descendencia, pues todo se queda en este mundo.

Jesús nunca rehuyó la confrontación en aras de la verdad y de evitar la confusión de los sencillos. Lo hace frecuentemente con los fariseos y hoy con los saduceos. Utiliza sus mismos argumentos para demostrar su error y descubrir la manipulación de poner en boca de Dios interpretaciones torticeras. Jesús afirma claramente la continuidad de la vida de manos de Dios, aquí y después.

Hay muchos grupos, distintos, a nuestro alrededor que viven seguros de que lo que tenemos y conseguimos es lo que cuenta. Que las obras que han construido son lo que determina la vida del grupo. Que la seguridad de sus presencias les da significatividad social.

Nosotros no somos Jesús. Y estos argumentos se nos cuelan en el pensar. Nuestra fe depende del testimonio y cuestiona más por los hechos que por las palabras. ¿Cómo nos mostramos los religiosos? ¿quién adivina en nuestras vidas a un Dios viviente? También nuestras palabras afirman nuestro creer. ¿Nuestros términos y apreciaciones invitan a la esperanza? ¿nuestros juicios son de misericordia o condena?

No tenemos saduceos a nuestro lado, nadie nos mata por decir que creemos en la vida eterna y, tampoco, se paran por la calle para reprocharnos nuestro derrotismo. Nosotros, que vivimos como «ángeles» podemos contribuir -como los saduceos-  a testimoniar una religión fría, caduca y distante. Como también a proclamar -como los Macabeos- que se puede vivir «de paso» dando así a entender la Providencia de un Dios viviente.

Nuestra profesión religiosa fue una proclamación de la vida eterna que se nos regaló en la Bautismo. ¿Se nos nota?

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