Inquietos y nerviosos

«Andamos inquietos y nerviosos por muchas cosas; sólo una es necesaria”. Entre lo urgente y lo importante perdemos la calma. Todo nos parece urgente y las prisas se han instalado en el iter comunitario atándonos a un pragmatismo inhumano.

La Palabra que se nos regala hoy nos obliga a observarnos y descubrir qué es lo único importante y necesario. Hay que recordar que el evangelio de Marcos, cuando el Señor designa a los Doce, afirma que la finalidad es «estar con él» y el modo, anunciar el Reino. Lucas nos lo muestra con la escena de Marta multiplicada y nerviosa por la presencia de Cristo en su vida. Si lo primero y esencial es estar con el Señor, quien lo demuestra es María. La mejor parte es la de perder el tiempo con el invitado para gozar -mutuamente- de la presencia. La casa, la comida, el café pasan a un segundo término porque lo que embriaga es la alegría del encuentro. La peor de las opciones es la de postergar la oración, el abrazo, el susurro, el beso para más tarde.

El pragmatismo por el ahora es el auto engaño de Marta y mi justificación: hay que trabajarse el ahora para disfrutar el después. Pero, ¿quién te asegura ese después? Honestamente, he de considerar que el después llega tarde, mal y nunca. Y en el remoto caso de llegar y ponerme ante Cristo nadie me asegura que le preste más atención y mi acogida sea de más calidad.

La acogida del peregrino era una de las normas más sagradas de un pueblo semita. En el amigo, el invitado, el familiar puede venir el Señor a visitarnos en cualquier momento. Y es el ahora donde se juega lo importante y lo necesario.

¿Acojo en el ahora a Cristo? ¿Me molestan las visitas imprevistas? ¿Me afano por las tareas y responsabilidades comunitarias y me desentiendo del tiempo para compartir? ¿Toda gestión y trabajo es lo inicial en nuestra vida consagrada?

¡Cuánta inquietud por la llegada de Dios y qué poco seso para darme cuenta de que lo tengo viviendo a mi lado!

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