Diversidad

La diversidad es lo más real con lo que nos topamos al despertar.

La variedad de luces y sombras, los diferentes seres, la abundancia de rostros distintos y la cantidad de acontecimientos nos remiten a la Creación.

Pentecostés no es otra cosa que la actualización constante de esa diversidad como algo precioso a los ojos de Dios. Frente a la evolución restrictiva de los hombres, que buscamos simplificar y acotar las diferencias, aparecen los dones del Espíritu para mostrar las capacidades que Dios puso en la humidad.  

La aparición del Espíritu Santo se produce cuando los seguidores de Jesús se encuentran encerrados en su incapacidad; cuando buscan la unicidad de formas, la repetición de argumentos, la seguridad de servicios. Es en ese momento cuando irrumpe la abundancia de servicios, funciones, ministerios destinados a la diversidad.

Nosotros somos instrumentos de Dios para la marcha de la historia. Y, como tales, hemos de abrir nuestros corazones y nuestro entendimiento a la diversidad. La Iglesia es instrumento de Dios para su Reino. Y, como tal, ha de abrir las manos a toda criatura, poner los pies en toda frontera, inclinar el corazón a toda situación  y disponer la razón al Misterio.

La Vida Religiosa, expresión de la viveza del Espíritu en la Iglesia, no ha de ser menos. Acojamos la diversidad comunitaria y aquello que no llegamos a entender. Porque como ahora viene lo nuevo con los nuevos, nosotros lo fuimos para los anteriores.

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