Esperar en Dios

Hay días en los que a uno no le cabe más en la cabeza y necesita pararse.

Son esos días en los se recibe una inflación de información tal que me abocan al silencio y a la oración. Y es que hay momentos en los que no puedo digerirlo todo y -como con la comida- preciso descanso y tiempo.

Este fin de semana es uno de esos y no -precisamente- por los mensajes políticos de las elecciones dilatados en tres meses. Lo percibe uno más en los evangelios que se nos proclaman estos días: no podemos pretender saberlo todo de golpe. Ni estamos preparados -porque el saber es muy vasto- ni sabríamos cómo actuar. Por eso, me viene a la mente el consejo de Jesús de que «a cada momento le basta su afán», para transitar por la vida esperando la luz del Espíritu que «tomará de Jesús y me lo anunciará».

El Misterio de Dios no es inabarcable, ¡qué va! Dios ha querido poner mucho amor en el mundo desde la Creación. Ese amor se ha mostrado en cada criatura y en el hermano Jesús. Es parte de una pedagogía que me lleva a reconocer ese amor en mi pequeño corazón. No puedo pretender sentirlo en totalidad, de golpe, no lo aguantaría… sólo las experiencias místicas se acercan a esos niveles y suponen un exceso. Ya les decía Jesús a aquellos discípulos: «Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora». Y es cierto porque el corazón tiene su capacidad.

Hay tantas cosas que no entiendo de mi, de los demás y de Dios que he de vivir en Providencia. Pidiendo la dosis de amor y entendimiento para hoy, acogiendo la parte de revelación que preciso, adorando a Dios en su manera de ser y de mostrarse en la historia.

Hay tantas verdades que no comprendo del Reino de Dios, de la Iglesia y de mi Comunidad que he de vivir en Adoración. Algo que se me antoja más llevadero que la comprensión de los programas políticos que se anuncian y que me exigen un acto de fe irracional. Prefiero esperar al Espíritu que los resultados de las elecciones… para ver qué me cabe más en la cabeza.

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