Por Tomás

El seguimiento de Jesús fue una suerte de cansancios, despropósitos, de intimidad y de gloria. El Maestro generó una fraternidad de varones y mujeres que buscaban: ¿qué? ¿a quién? ¿cómo?

Tras la muerte de Jesús se ponen de manifiesto sus intenciones: Unas hermosas, otras no tanto. Y todas confesables; como se muestra en esa mañana de resurrección cuando sus seguidores andan desesperanzados. Tan iguales a nosotros que nos podemos poner en su piel y en su lugar: dentro de aquella sala.

Una de las muestras de autenticidad de un texto evangélico es mostrar las dudas y los miedos de aquellos que fueron elegidos por el Cristo. Y vaya si se muestran. En cada pasaje con el resucitado se dibujan sus sospechas y prejuicios al encontrarse con el Jesús glorificado. ¡No lo creen! Y claro, es que no lo esperaban. Y a punto de desmembrarse -como partido político que ha tocado suelo-, aparece el verdadero motivo de su seguimiento: Jesús.

En esta jornada electoral y en la que sobreviene más adelante, se nos promete poco menos que la vida eterna. Y tentados de acoger esas promesas, hemos de recordar que somos falibles unos y otros. Que en todo grupo humano se mezclan las motivaciones de entrega con las de autoafirmación.

Una de las muestras de autenticidad de la fe cristiana es no identificarse totalmente con una propuesta política. No es un desentenderse lavándose las manos ante la injusticia, al contrario. Es una intuición de humanidad: la de un Jesús que comparte todo lo nuestro y el capaz de elevarlo a la vida. Y un compromiso espiritual: el de una comunidad reunida para anunciar a la humanidad que somos amados -por encima de cualquier y ideología- y capaces de transformar -por debajo de cualquier régimen-.

Tomás, amigo de Jesús, es el paradigma de la duda humana y la entrega divina. Porque buscando la verdad descubre que sólo hay un dueño y un señor de la historia. Uno sólo al que entregar la vida dándole poder y voto. Porque al final, su acto de fe y el de todo cristiano, no es en quien profesa promesas electorales sino en quién es capaz de dar la vida por los demás.

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