Testificar

Es afirmar o declarar una realidad asegurando su veracidad por haber sido testigo de ello.

De la resurrección del Maestro dan fe María, Pedro y Juan. Ella, con su habitual modo de afirmar y llorar, los otros, con su arrojo y locura.

Creer que alguien ha resucitado con tales testigos es impensable. Lo mismo que si ahora apareciera esa amiga que suele deshacerse en llanto en las pelis o ese amigo que se pelea siempre. Y es que el natural, la forma de ser de «los suyos», era un handicap para el resucitado. Lo fue durante los años de enseñanza y en las horas delicadas de la Pasión.

El caso es que el resucitado ha tenido que conformarse con los testigos que el Espíritu ha querido suscitar y que las gentes han llegado a creer. Y el caso es que no ha ido tan mal. Por eso, llegados a este 2019, hemos de confiar en que la resurrección de Jesús llegará a calar en el corazón de nuestras gentes a través de nosotros: testigos originales y variopintos del Maestro.

Eso sí, mostremos un poco más de entusiasmo en nuestras palabras y con nuestros signos. Porque, independientemente de nuestro natural, se ha de trasparentar la fuerza del Maestro que está junto a nosotros actual y resucitado.

Que nuestro rictus de viernes santo, de tristeza contenida y de morados procesionales se torne en sonrisa abierta de domingo. Así, testificando.

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