¡Un poco tonto!

perdono-lunedi¡Qué bonito este evangelio para escucharlo en la Iglesia!

Todas estas recomendaciones del Maestro tienen de fondo la idea de renunciar a nuestro derecho de venganza cuando se nos ha infligido una injusticia.

En este momento de la historia, cuando hemos ganado tanto en derechos sociales, aparece como un consejo pío y descarnado. Pero, reconozcámoslo, nunca se ha asumido con naturalidad. Los saduceos -que observaban a Jesús- pensaban que sus palabras valían para entretener abuelitas o entusiasmar a débiles. Bueno, Nietzsche -siglos después- se rebeló varias veces contra estos consejos por abocar a la humidad -según él- a la humillación.

Ya. Supongo que habrá pocos que -tras una larga vida- no se habrán dado cuenta de que sólo «quien se humilla es ensalzado». Porque tras un ir y venir por la vida, con la soberbia bajo el brazo y la humillación del otro en la boca, acabamos envenenados y solos. La humildad es recogida en muchos paralelos evangélicos (Cf. Mt 23, 12; Lc 14, 11; Lc 18,14) por ser la actitud de María (Cf. Lc 1, 51-52) que Jesús aprendió y usó hasta el final (Cf. Lc 23, 34). La verdad es que «muy bien» no le fue. Sin hacer «spoiler» de la historia por cruz o muerte, hemos de reconocer que ese fue el modo humano, pacífico y no violento de estar el Hijo de Dios entre nosotros. Y quien se arriesga a vivirlo se ha de sentir «Bienaventurado» cuando le aborrezcan, le releguen, le insulten y desprecien por ser de los de Jesús (Cf. Lc 6, 22-23).

¡Vamos un poco tonto! Porque lo de poner la otra mejilla cuando te pegan, no denunciar al que te roba y responder de buenas maneras es una «no respuesta». Hoy en día es una «no violencia» presentada por Gandhi y olvidada en el proceder de Jesús.

El hecho es que educar en la venganza no lleva a buen puerto la vida de nadie. Pero hay que intentarlo pues la ley del Talión es tan connatural que mantiene a gran parte de la humanidad en niveles de prehistoria. Tú, ¡haz el intento! Cuenta la historia de David y cómo no se vengó de Saúl cuando lo tenía «a huevo». Coméntalo con un grupo de jóvenes -de los que se sientan en un banco del parque- y comprueba cómo se mofan del proceder.

Las palabras de Jesús nos hacen pasar de las tripas al corazón, de la experiencia de herida al dolor de corazón. Por eso afirma: «Sabéis que está mandado, pues yo os digo», que es posible renunciar a mi derecho a ser pagado y salir de la espiral de violencia. Todos -de una forma u otra- tenemos experiencia de ruptura, de frustración y de engaño y nos violenta el pensar en amar «a nuestros enemigos, hacer el bien a los que nos aborrecen y rezar por los que nos persiguen y calumnian».

Lo hagamos o no, lo vivamos en la comunidad, en la familia o en la calle no va a cambiar el color del día. Dios «que está en el cielo, hace salir el sol sobre buenos y malos y manda la lluvia sobre justos e injustos». Pero lo que sí es cierto es que en mí no dejo lugar a la comparación y doy paso al agradecimiento pues Dios no me responde con la misma moneda con la que yo le pago. Una opción por ser «imagen de la humanidad celestial» aquí, ahora, contigo, como Él. ¡Un poco tonto!

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