Y tú, ¿de qué vas?

hoy-diaTodos nacemos dentro de una Tradición y en ella aprendemos, sintetizamos e imprimimos nuestro estilo.

Jesús participaba, como judío, en la vida de la sinagoga. Y aquel día -en el pueblo donde se había criado- comprende y dice lo que se le pide.

Tras tantos siglos de profecía, Ley y Palabra, tuvo Dios que enviar a su Hijo al mundo para romper la cáscara de la Ley. Una Ley que se había anquilosado y que favorecía el descarte de los insignificantes. Por eso, al abrir el rollo de Isaías, Jesús descubre que el Mesías viene como buena noticia para esos: los pobres, los cautivos, los ciegos y los oprimidos.

Tras tantos siglos cae en la cuenta de que ese Mesías es él. Y lo dice en alto: «hoy se cumple esta Palabra». Con esa expresión comienza un tiempo nuevo; el reinado de Dios que parte de los últimos para llegar a todos. Con esa afirmación se inicia la persecución del maestro de Galilea.

Dios conoce nuestro corazón y la intención con la que obramos. Todos los bautizados tenemos el Espíritu y somos enviados por Dios. Cada uno desde su limitación y sus capacidades, todos invitados a salir de la propia vida y entregarse a los que son y tienen menos. Cuando se hace realidad acontence la «gracia» y se manifiesta la «misericordia». Y no puede quedarse en escritos, cantos, homilías o logotipos…

Dios recibe agradecimiento cuando caemos en la cuenta de lo que obra en nuestra pequeñez. Dios recibe gloria cuando releemos el Bautismo y nos ponemos a trabajar. Dios sonríe cuando, valientemente, nos levantamos, tomamos las Escrituras y decimos  «aquí estoy». 

Y ante tamaña temeridad escuchamos por un lado el susurro: «hoy se cumple en ti» y, por otro las protestas de los que creen conocernos: Pero éste, ¿de qué va? ¡Vamos, como Jesús!

 

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