Entre la queja y la crítica

quejasEn aquel tiempo, los judíos criticaban a Jesús porque había dicho: «Yo soy el pan bajado del cielo».

Otro día le criticaron por repartir pan, el anterior por contar historias y mucho antes por ser Galileo. Y así, remontándose en el tiempo, a la crítica por ser hijo de quien era. Una situación vivida en algún momento de nuestra vida: la de ser criticados.

Elías continuó por el desierto una jornada de camino, y, al final, se sentó bajo una retama y se deseó la muerte: «¡Basta, Señor! ¡Quítame la vida!» Una reacción provocada por el calor, cercana a una insolación, en una de esas olas de calor que había «antiguamente» y que aún no se contabilizaban en las estadísticas. Una queja que expresaba el cansancio del profeta por las miles de dificultades para llevar la voz de Dios a un pueblo que no quería escuchar.

Dos fragmentos de la Palabra que nos llevan de la crítica a la queja. Dos situaciones humanas que le suceden a todo hijo de Dios. Dos reacciones ante la incomprensible voluntad de Dios en lo que se vive. Dos formas de desesperar como si no hubiera Salvación.

El que se siente y se sabe hijo de Dios no puede reaccionar como todo el mundo ante lo que todo el mundo critica y se queja. Jesús nos alienta: «Desterrad de vosotros la amargura, la ira, los enfados e insultos y toda la maldad». Porque la crítica sólo genera malestar y sospecha; es difícil de reconducir porque se nos va la lengua y desvía la confianza. Porque la queja sólo siembra cansancio e imposibilidad.

«No pongáis triste al Espíritu Santo de Dios con que él os ha marcado para el día de la liberación final». Y es cierto. Porque aquel que toma a Cristo, el pan de la vida, no ha de dejarse llevar por el cansancio y la sospecha. ¡Bueno, puede hacerlo! Ahora, estará ahogando la fuerza de Dios y el testimonio. El gozo de tener a Cristo en esta vida y la confianza eterna. Vamos, como los judíos… entre la crítica y la queja.

Esta entrada fue publicada en Comentarios homiléticos. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *