Le regaló autoridad

9a1f8_luggage1149289_1920Una autoridad ejercida -en primera instancia-, sobre «los espíritus inmundos». Espíritus parásitos de esos que se nos pegan al razonar, al desear y nos llevan a sentir que no somos nada.

Inmundos, de los que nos encierran, nos hacen mirarnos a nosotros mismos y ponen el corazón en los medios acumulados. Así de agotada y caduca estaba la esperanza de Israel.

Aquellos discípulos reciben el encargo de predicar la conversión; el cambio de valores y el estilo de vida. Lo habían escuchado de boca de su Maestro y comprobado en sus gestos. Jesús lo hacía consciente de su misión de liberador y sanador. Y ahora, ese poder, se entrega a los discípulos.

De ahí que sobre el pan, la alforja, el dinero y hasta la túnica de repuesto. Sólo es necesario fiarse del Señor y de la mano providente del Padre. Si acaso, se permite un bastón para sostenerse en el camino y unas sandalias para avanzar. ¡Nada más!

Dios nos ha llamado a nosotros a la misma misión. Lo ha hecho en los momentos más desastrosos, agotados y contradictorios de la historia, y lo va a seguir haciendo. Ahora la decisión está en ti: Puedes asustarte de tu incapacidad -como Amós-, quejarte de la falta de medios y quedarte cómo estás. O fiarte de Jesús, de sus palabras, de que estás llamado a ser hijo de Dios, y sanar al mundo.

Dios capacita a quien llama. Si Dios buscase inteligencia, capacidad, medios y fama no nos elegiría a ninguno de nosotros. Recordemos que a aquella gente se les libró de los «espíritu inmundos», de pronunciar palabras de fracaso, de queja y de denuncia y les enamoró de esta tierra y de sus gentes.

Y para el camino, su Providencia y su autoridad.

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