Locos de remate

gLD0u0D3_400x400Recuerdo que en las oraciones del grupo de jóvenes nos encantaba rezar con la oración del loco y cantar con el poema, Envíanos locos.

Y creo que en esas notas y en esos versos se reflejaban nuestras ansias de ser libres, auténticos y sentirnos reflejados en un Jesús que vivía a su manera. Proyectábamos sobre él nuestra necesidad de vivir sencillamente, juntos a los del grupo, sin horarios, viajando mucho y haciendo oraciones a las tantas de la noche. Locos perdidos para nuestras familias y para la comunidad de religiosas que nos aguantaban.

Veo que a Jesús lo tomaban por loco. Y no denuncian los más cercanos a Dios, al Templo, a la Ley y a todo lo que significa impecabilidad. Lo desautorizan por dos motivos: estar enfermo de la cabeza y por estar poseído por el demonio. Dos argumentos que se han seguido esgrimiendo cuando alguien no entra en los parámetros de lo convencional y lo explicable.

A los iluminados, a las beatas, a los eremitas los han tomado por locos o poseídos en muchos momentos con la intención, poco cristiana, de desposeerles de la razón, de la santidad o de los bienes.

A muchos de los santos los tenían por enfermos, en tratos raros con Satán, abducidos por la histeria o aficionados a los licores.

¡Todos locos! Locos a los ojos de quienes son muy cuerdos, sensatos, ortodoxos y consejeros, pacíficos y aburridos. Quizá por eso, nos encantaba volvernos locos como Jesús y cantarle y rezarle:

Envíanos locos

¡Oh, Dios! Envíanos locos, de los que se comprometen a fondo,

de los que se olvidan de sí mismos, de los que aman

con algo más que con palabras,

de los que entregan su vida de verdad y hasta el fin.

Danos locos, chiflados, apasionados,

hombres capaces de dar el salto hacia la inseguridad,

hacia la incertidumbre sorprendente de la pobreza;

danos locos, que acepten diluirse en la masa

sin pretensiones de erigirse un escabel,

que no utilicen su superioridad en su provecho.

Danos locos, locos del presente,

enamorados de una forma de vida sencilla,

liberadores eficientes del proletariado,

amantes de la paz, puros de conciencia,

resueltos a nunca traicionar,

capaces de aceptar cualquier tarea, de acudir donde sea,

libres y obedientes, espontáneos y tenaces, dulces y fuertes.

Danos locos, Señor, danos locos.

Atribuida a: Louis Joseph Lebret

 

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