Palpar la intimidad

8573039229_d29e43c955-296x300Si hace una semana encontrábamos a Jesús en la soledad del desierto -para probarse en su humanidad-, hoy lo encontramos en la montaña con compañía -para mostrar su divinidad-.

Se lleva a los mismos que le acompañarán la noche de la entrega en Getsemaní. Subieron en silencio, y una vez en lo alto «se transfiguró delante de ellos… Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús». Comprobando la importancia de su Maestro con dos testigos del AT, hablando con naturalidad y soltura.

Jesús fue un misterio para aquellos discípulos a los que había elegido por puro amor. Mientras estaban a su lado no entendían su lugar o su importancia. El mismo Pedro, en la intimidad del momento, osa ponerse al nivel del misterio, como Elías o Moisés, y se dirige a Jesús violentando el misterio y abusando de la intimidad. Pedro será consciente de su lugar la noche en que niegue a su Maestro.

Somos un misterio para el otro. Aunque pasen muchos años y se vivan muchas experiencias juntos no llegamos a conocernos en profundidad. Hemos de estar abiertos a la novedad que el otro puede aportar, a los datos que nos quiera revelar. El otro, como misterio, necesita crecer y evolucionar. ¡Nosotros también!

Y somos un misterio para nosotros mismos. Y Jesús «entra y sale» del desierto, «sube y baja» a la montaña para conocerse. Un aprendizaje duro, con una pedagogía de contrastes que no siempre entra en nuestras lógicas. Sube en silencio, con tres varones galileos que no acertarán a saber que la gloria y la cruz van de la mano. Están allí para recordar «su gloria» cuando le vean temblar y sudar sangre la noche de Pasión.

Y mientras descienden Jesús les recomienda: «No contéis a nadie lo que habéis visto». ¡Normal! Han estado presentes en ese «desvelamiento» de su intimidad sin comprender, ¿qué van a contar? ¡nimiedades!  

Si estos días de Cuaresma entras en lo escondido de tu cuarto, acércate a Dios prudentemente. Consciente de la distancia que te separa y de la cercanía que te salva. Si te acercas a tu hermano de comunidad, no le violentes, permítele mostrarse en su grandeza y su torpeza. Has entrado en un Misterio. Has palpado la intimidad.

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