CUARENTA: Mucho Espíritu Santo

1 fLFbgd1KZLBJB9GsZAnXDQNadie se traslada a vivir a un lugar solitario e inhóspito por propia iniciativa. Hacen falta motivos muy importantes para echarse la casa a cuestas y ponerse en camino: falta de trabajo, exclusión social, persecución religiosa… Y en esa itinerancia se descubre que lo importante es mantenerse en movimiento y no perder el ser.

En estos días vemos a Jesús internándose en el desierto. Le empuja el Espíritu de Dios dando a entender que necesitaba un plus de motivación para meterse en las estepas descarpadas de Palestina y pasar mil penalidades. ¿Por qué? Dice la Tradición que para vivr lo mismo que Israel antes de llegar a la tierra prometida. ¿Para qué? Dicen los santos padres que para probarse y purificar nuestra humanidad.

En estos días se nos habla a nosotros de «desierto» cuando nos acercamos a la parroquia o a la capilla del colegio. Se nos impone la ceniza con sentido de renovación y nuevo comienzo. ¿Por qué? ¿Para qué? Pues es cuestión de preguntar a nuestras gentes y comprobar el poco contenido de estas costumbres cuaresmales. La limosna ya está introyectada como colaboración con las ONG. El ayuno es frecuente entre nuestros adolescentes y los regímenes y dietas más crueles que cuarenta días en un desierto. Y la oración tintada de mindfulness, yogas y reikis.

¿Dónde encontramos el acento de la Cuaresma para que ilumine? Es difícil explicitarlo. Pero lo que es verdad es que vivimos «tentados por Satanas» en las fibras más íntimas: centrados en nuestras necesidades, protegiendo nuestro pequeño mundo, anestesiados ante el sufrimiento ajeno, distanciados de los cercanos, vacíos de gozo y con sobre estimulación mediática. Ufff, ¡necesitamos sobrevivir en este desierto temático y reforzarnos ante las «alimañas»!

Jesús encontró ese acento en su propia vida: soledad y silencio. Sí, si… soledad para encontrarse y silencio para clarificarse. Y no para su propia perfección o crecimiento personal, sino para servir. Y para eso hace falta entrar en ese desierto de manos del Espíritu Santo; aunque sea a empujones.

Hoy vemos a muchedumbres habitando los desiertos en tiendas de campaña para no llenar las ciudades o inundar los países fronterizos. Lugares extremos de paso que se han convertido en lugares de supervivencia. Y no es por la capacidad humana de adaptación, sino por la violencia y la exclusión de nuestro tiempo. Tenemos cuarenta días para sopesar y comprometernos… y necesitamos mucho Espíritu Santo.

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