Está cerca la palabra de Dios

Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios: Convertíos y creed la Buena Noticia”. Éstas son las primeras palabras de Jesús en el evangelio de Marcos.

La palabra “plazo” parecía destinada a permanecer fuera del corazón, pues no se goza con el vencimiento de una letra, tampoco nos agrada ver señalado el término de nuestras cosas, y menos aún si se trata del término de la propia vida.

Parecería una palabra insalvable, pero deja de serlo si la pronuncia Jesús de Nazaret: “Se ha cumplido el plazo”. No se trata de un plazo que vence para que algo bueno termine, sino que se declara llegado el tiempo para que algo maravilloso empiece: “Está cerca el Reino de Dios”.

El plazo que se dice cumplido, no es para dar a conocer una nueva filosofía o instaurar una nueva religión. Lo que está llegando es la salvación que viene de Dios, salvación que no se ofrece a quien pueda comprarla o pretenda ganarla, sino sólo a quien esté dispuesto a creer la palabra que la anuncia. ¡A Dios no se le compra, se le cree!: “Convertíos y creed la Buena Noticia”. Tal vez por eso se sientan defraudados los ricos; tal vez por eso se sienten asombrados los pobres.

Se ha abierto la sala del banquete del Reino de Dios. Observad quiénes son los que se deciden a entrar –a escuchar, a creer-: Como discípulos, un grupo de pescadores y un cobrador de impuestos; como beneficiarios y testigos de la cercanía del Reino de Dios, un hombre poseído por un espíritu inmundo, una mujer con fiebre, muchos enfermos, un leproso, un paralítico, un hombre con un brazo atrofiado.

A los pobres no les sirve una nueva religión, sino la cercanía de Dios, de su justicia, de su verdad, de su Reino, y Dios se acerca a los pobres en Jesús de Nazaret. A donde va Jesús, retrocede el mal en todas sus formas: Retrocede la enfermedad, son expulsados los demonios, y son puestas bajo la luz de la palabra de Dios las muy gastadas y corrompidas palabras de la religión.

Ahora, Iglesia santa, intenta poner tu oración en boca de uno de aquellos testigos de la llegada del Reino de Dios. Puede ser un leproso, un poseído, una mujer enferma, un pecador. Primero, como pobre que es, como necesitado de salvación, dirá: “Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas; acuérdate de mí con misericordia, por tu bondad, Señor”. Luego, como rescatado y salvado, confesará: “El Señor es bueno y es recto, y enseña el camino a los pecadores, hace caminar a los humildes con rectitud, enseña su camino a los humildes”.

Y tú repetirás con ellos: “Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas”, porque te reconoces en ellos a ti misma: enferma, manchada, pecadora, necesitada de salvación, necesitada de Dios. Y luego añadirás una y otra vez llena de gozo: “El Señor es bueno y es recto”, porque recuerdas la palabra con que fuiste iluminada, el bautismo con que fuiste purificada, la unción con que fuiste fortalecida, la gracia con que fuiste embellecida, el amor con fuiste sanada; recuerdas lo que has recibido y gozas con lo que esperas recibir, pues hoy se acerca a ti el que lleva consigo la palabra de Dios, el Reino de Dios, Jesús, tu Señor, tu Redentor, tu Salvador; hoy se acerca a ti la ternura de Dios, su misericordia eterna, su justicia inefable, su bondad infinita.

Une tu voz a la voz de todos los pobres, únela a la voz de todos los redimidos, únela a la voz de Cristo Jesús, y así, con un solo corazón y una sola alma, cantemos al Señor un cántico nuevo, que canto al Señor toda la tierra, porque es nueva la gracia, es nueva nuestra pascua con Cristo, y es para todos la palabra que anuncia la salvación, es para todos el Reino que en Cristo se nos ha revelado.

Feliz domingo.

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