Tormenta

A nadie que conozca el clima de Madrid le sorprenderá si le digo que esta noche ha hecho calor, mucho calor… incluso en la sierra, donde suele refrescar cuando se pone el sol. En estas estábamos cuando a las seis de la mañana ha caído una tormenta de verano de las de manual. Parecía que se había roto el cielo y este se derramaba en una cantidad ingente de agua durante más de diez minutos. Al salir de casa, tres cuartos de hora después de que arrancara ese desahogo celestial, me sorprendió un suelo prácticamente seco. Algo así debió ser la experiencia del salmista cuando para expresar su sed de Dios se confiesa “como tierra reseca, agostada, sin agua”.

Ojalá estos días de descanso veraniego sean como la tormenta de hoy: el frescor necesario para aliviar los cansancios y las sequedades que se van acumulando con los meses de actividad. Eso sí, sabiendo que la sed que no se agota es el deseo de la Presencia de Aquél que nos da sentido y nos quiere con locura… ¡¡gracias a Dios!!

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Una respuesta a Tormenta

  1. Dorian Gay dijo:

    Nunca he sabido como calificar el tiempo estival. Cuando vives el resto del año con todo el tiempo contado, pesado y medido es difícil plantarte en tantas horas de sol en las que es imposible salir a la calle. Pasas de un tipo de oración organizada a horas que intentas emplear en tratar con ese Dios loco de amor y ves tu falta de “saber estar”, de contemplación, con lo que esas horas aun se hacen mas torpes.

    Es importante pedir esa “sed”, es importante vivir cada tiempo con audacia, es importante dejarse encontrar con Dios…

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