BARRA LIBRE EN CANÁ

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manoliobuenaJesús se hizo presente como Mesías en una boda. No lo hizo en el Templo, ni en la sinagoga, ni en una reunión de grupo sino en una boda. Y dentro de ella, en el convite. En esa situación en la que nos extraña ver a un cura, a un fraile o una religiosa cenando o bailando. ¡Vamos, alternando!

La situación no se busca premeditadamente, sino que se aprovecha. Ahí la perspicaz es María, la madre. Ella, la invitada a la boda, propicia que su hijo se lleve a aquellos jóvenes con él. Ellos necesitaban comprobar que Jesús era el verdadero Mesías tras dejar al asceta y honrado Juan… y, ahora, se preguntan si merecía la pena estar con aquel galileo que se los lleva de fiesta.

María reconoce la ocasión. Así lo refleja el evangelio de Juan destacando la carencia de vino: la necesidad del elemento que anima el convite, la charla animada y las danzas judías. Y es que faltaba alegría y gozo en una sociedad judía abocada a lavarse y purificarse. A prepararse para la llegada de un Dios que estaba entre ellos pero al que no reconocían. Y abundaba el agua. Cientos y cientos de litros de agua y normas que no posibilitaban ni la alabanza ni el gozo. Y así como María aprovecha la ocasión, Jesús aprovecha la oportunidad para pronunciar unas palabras poco teológicas: “Llenad las tinajas de agua… y, después sacad un poco para que lo pruebe el camarero”.

Y así comenzó todo; los signos, su gloria y la fe de los discípulos. ¿Vemos nosotros esos signos, esa gloria, esa fe? ¿No? Pues volvamos a Caná y escuchemos la propuesta de María: “No les queda vino”. Y veamos cómo su Hijo realiza el milagro donde nadie lo espera. Quizá esta vez manifieste su gloria en la barra libre; momento en el que todos se relajan, y confían sus inquietudes, y se cuestionan… Y entonces crecerá su fe en un Jesús que pierde el tiempo con ellos, dándoles el vino nuevo.