ADORNOS Y LÁTIGOS

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La reacción de Jesús ¿es desafortunada? Pensado en frío, sí. Aparece perdiendo la paciencia o ejerciendo un gesto profético.

Y, como hago yo, intentamos darle una explicación a una reacción de cabreo supino.

Se nos atraganta la humanidad de Cristo. Sí, no nos cuadra en la imagen que queremos ofrecer de él. Nosotros -que le predicamos y potenciamos-, tenemos dificultades en encajar este evangelio. Nos cuesta dar el salto a su divinidad por la normalidad con las que le dibujamos. La gente -nuestra gente-, persigue su poder, busca su protección y también se impresiona ante una reacción de furia. Les cuesta pensar en su humanidad por situarle divinamente.

Jesús, el Cristo, el “sagrado corazón de Jesús” fue como fue y no como nos viene en gana. Amarle es comprenderle y aceptarle. Adorarle es respetar su misterio y no hacerlo a nuestro modo. Seguirle es darle libertad y no reducirlo a nuestras expectativas.

Que el Maestro se enervara ante el negocio que se había hecho en el lugar reservado para encontrarse el Padre con su Pueblo, gratuitamente, no es tan difícil de imaginar. Siempre y cuando le dejemos ser humano y divino a la vez. A nosotros nos pasa con nuestras cosas. Pero, claro, como no somos Él, nos podemos permitir tener sentimientos.

¿Cómo se predicará estos días sobre la reacción de Jesús? ¿Cómo se explicará su interés por unir varios cordeles y hacer una especie de látigo para echar a todo “quisqui” del Templo?

Cuanto más lejos nos encontramos de Él y de su Misterio más adornamos o restamos. Como en el desierto o en el Tabor… sin enterarnos de la historia. Más vale no contar nada a nadie hasta que no lleguemos al final de la Cuaresma.