¡VÍVELA!

0
394

No deja de ser curioso que el gesto más humano de Dios cobre fuerza por la palabra. Una palabra que pierde enteros cada día por ir viuda de compromiso.

Los textos de estos días manifiestan que la voluntad de Dios, sus deseos, sus sueños han de entrar por el canal del lenguaje para ser comprendidos por la humanidad. Han de ser cifrados para que nosotros podamos darle sentido en cada momento de nuestra historia. Eso es la Encarnación: entre la carne y la voluntad media la palabra: … se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria (Juan 1, 14).

Y así, el Verbo se ha revestido de tiempo, el sustantivo de geografía y el atributo de familia. Y ha entrado en el mundo en pañales; de manos de María y por benevolencia de José.

¿De qué hablamos estos días? ¿Qué contenido damos al feliz navidad o próspero año nuevo? ¿Nos comprometen a ser, nombrar y describir lo que celebramos?

Isaías declara hermosas las pisadas de aquellos que dejan huella por llevar en sus palabras: paz, buenas noticias, esperanza y reconocimiento. Y los salmos invitan a cantar las maravillas que Dios sigue haciendo entre nosotros.

Palabras y palabras que aluden a la única Palabra verdadera: “el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha ido realizando las edades del mundo” (Hebreos 1, 1-6). Úsala, pronúnciala, descríbela. Pero estos días, ¡vívela!