LA PRESENTE REPRESENTACIÓN

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Muchas series de tv hablan de nobles y coronas, y en todas se busca que el plebeyo sea reconocido como el verdadero rey. Al final del año litúrgico, es el nazareno crucificado el que se presenta como el rey del universo. Con una puesta en escena genial.

El juicio final, que nos muestra hoy a un Cristo Rey, dicta una sentencia presente y nos hace comprender que el pasado y el futuro se unifican en el amor.

El final de la Creación se representa en un escenario descrito por Mateo. Es tan plástico que los pintores, de todos los tiempos, no se han resistido a representarlo y a sugerir su idea de salvación o condenación.

La obra se introduce así: “Cuando venga el Hijo del hombre en su gloria reunirá a todas las naciones”. Y lo hará tal y como prometió en su Ascensión a los cielos; y esta vez no será de carne e historia, sino transido Espíritu y gloria. En esa sinfonía de inicio contactan pasado y el futuro.

De inmediato hace su aparición el actor principal: Jesús. Lo hace en majestad y mostrándose como juez del Reino del Padre; del reinado que él vino a traer. Su papel tiene mucha fuerza pues ha de impartir justicia -en el presente- a los que nadie ha defiende ni ha defendido nunca. Éstos entran en escena a modo de rebaño de ovejas dóciles, fecundas y fieles. Entre ellos hay mucha familiaridad, parecen conocerse. No hay más que recordar que a Jesús, en vida, se le llamó el Cordero de Dios. A la vez aparecen, por el lado contrario un grupo deshilachado y perdido: son cabras díscolas, imprevisibles e infieles. El protagonista y ellas no se reconocen.

Y el hecho es que palabras, lo que se dice palabras, se oyen pocas. Quizá porque Jesús -el protagonista- las ha dicho ya todas o prefirió los gestos a los argumentos: convirtió el agua en vino, curó a los enfermos, echó demonios y, sólo después, contó parábolas e iluminó con doctrina. El actuar fue previo al hablar y llenó de contenido su mensaje. Y aquí se encuentra ante el público; situando a cada uno en su lugar. Y poniéndose Él, en el suyo.

¿Dónde estamos nosotros en esta obra? Somos el presente o el futuro de la representación? ¿Asistimos pasivos a lo que ocurre o nos situamos en uno de los lados? Las tendencias artísticas destacan más al proceso que el resultado. Y, aquí Mateo lo ejemplifica la mar de bien: el juicio presente aglutina pasado y futuro, ovejas y cabras, a ti y a mí con nuestros antepasados, al amor entregado con la posibilidad de amar.

El juicio se anticipa en el presente -como representación- para arrodillarnos ante el verdadero rey: protagonista de nuestra serie favorita y nuestra verdadera historia.