MIRADA CON LUPA

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carlos-osoroMons. Carlos Osoro: Quien afirma que la vida religiosa se muere, no ha leído la “cartilla”

Carlos Osoro es uno de los nuevos cardenales que ha designado el papa Francisco. Es Arzobispo de Madrid y una figura, dentro de la Iglesia, con una proyección muy destacada. Al día siguiente de hacerse pública la noticia, estaba prevista la entrevista para nuestra publicación. Lejos de suspenderla o aplazarla. Encontró tiempo, se paralizó todo y, en medio de mil reclamos, consiguió imprimir paz en todo lo que nos dijo.

Hay dos acentos que hacen especialmente significativo a Mons. Osoro. Uno es que personaliza, escucha, atiende y entiende a cada interlocutor; otro, que quiere, de verdad, a la vida consagrada. Sus palabras no son forzadas, nacen de la verdad, y sus gestos evidencian que cree en los consagrados.

El día después de conocer que será nombrado cardenal, Carlos Osoro está desbordado. Llamadas y felicitaciones de amigos, conocidos, periodistas… Incluso una mujer espera en la puerta del palacio episcopal para hacerse una foto con él. “Perdonad todo el ajetreo”, dice. “No se preocupe, don Carlos. No todos los días le nombran a uno cardenal”, respondemos. “Gracias a Dios”, añade entre risas su secretario mientras saca el teléfono para atender una llamada.

Un periodista le pregunta en la rueda de prensa si ha hablado con el papa Francisco, y el arzobispo responde que no. “Tengo más de 600 llamadas por atender, y muchas son de teléfonos que no tengo guardados, así que no sé si ha intentado ponerse en contacto conmigo”, ex-plica.

Después de contestar a los medios, don Carlos vuelve a su casa, donde hay imágenes del Papa en la mayoría de las estancias. Allí, amablemente atiende nuestra entrevista.

 ¿Qué siente al ser elegido como un hombre de confianza del papa Francisco?

Agradecimiento. Profundo agradecimiento al Papa y a Dios, que se vale del Santo Padre para llamarme a colaborar de una forma más directa con su proyecto y a estar dispuesto a dar mi vida. Es verdad que mi tiempo siempre ha sido para la Iglesia, y se puede comprobar en todos los sitios en los que he estado; pero el hecho de que, explícitamente, asuma la tarea de dar la vida por la Iglesia y por el Santo Padre es muy bonito. Es una gracia de Dios.

 ¿Qué le han parecido el resto de nombramientos de los cardenales? Hay un sacerdote albanés, cuatro religiosos…

El Papa está expresando, como ya lo ha hecho en otras ocasiones, la universalidad de la Iglesia. Así encontramos cardenales de África, Europa, Latinoamérica, Estados Unidos, Asia… También hay cardenales de diferentes congregaciones religiosas: re- dentoristas, misioneros del Espíritu Santo, de la Santa Cruz y misioneros del Sagrado Corazón. Se ha tomado muy en serio las palabras de Jesús, que dijo a los apóstoles “id por el mundo y anunciad el Evangelio” antes de subir a los cielos, y esto lo expresa también con los nombramientos que hace. Así le expresa a la Iglesia que está al servicio de todos los hombres. Es muy emocionante escuchar la historia del sacerdote franciscano albanés, el padre Ernest Simoni. En 1963 fue encarcelado y sentenciado a muerte por el gobierno comunista de Albania. Acabaría pasando 28 años encarcelado –sufriendo condiciones inhumanas, torturas físicas y emocionales, trabajos forzados en una mina y en una planta de aguas residuales– solo porque rehuyó de renunciar a la fe en Jesucristo… Ahora será cardenal de la Iglesia. Su testimonio hizo llorar al papa Francisco en 2014 durante su visita a Albania.

¿Ve signos de que estamos entrando en la dinámica que propone el Papa de “Iglesia en salida”, que camina hacia los pobres y las periferias?

Creo que hay signos palpables desde hace tiempo, aunque quizás no hemos sido conscientes. Veo en muchas parroquias signos de servicio a los más pobres, a los más alejados… Y también lo veo en la vida consagrada. Cuántas religiosas y religiosos están dando su vida en los mundos más marginales sin ser noticia, con una convicción absoluta de que quieren hacer presente el Reino de Dios en medio de esas situaciones. También he visto las muestras de agradecimiento que reciben de toda esa gente que el mundo ha descartado, pero que la Iglesia, a través de esos religiosos y religiosas, les dice con esa actitud de salida, que no están descartados, que no están solos, que son importantes para la Iglesia y para ellos. Qué maravilla es ver a gente, como he conocido, que ha salido de profundas oscuridades hacia una claridad tremenda, y cómo lo expresan y cómo lo viven… y todo ello gracias a la entrega generosa de tantas personas que hacen de su vida una parábola del evangelio, que se olvidan de sí para darse a los demás, y lo hacen en nombre de Jesucristo y de su Iglesia. Constatar esto es una experiencia maravillosa.

 A propósito de los religiosos y religiosas, ¿cómo valora Usted el momento que está atravesando la vida consagrada? ¿Es conocedor de los discursos catastrofistas que solo ven envejecimiento, cantidades y falta de vocaciones?

Eso lo hace la gente que no lee la cartilla real. El libro real de la vida consagrada es el que acabo de decir: gente que está sacando a muchas personas de situaciones difíciles. Pero hay quien no quiere hacer esa lectura, y se queda en anecdotarios. Si entrasen de verdad en su corazón, se darían golpes de pecho y dirían “te pido perdón de todo corazón”, porque la realidad es la que he comentado.

Podría presentar multitud de realidades de todas las congregaciones que hay ahora mismo en Madrid y de cualquier parte del mundo, porque cuando hablo con obispos de América, de Asia, de África me cuentan auténticas maravillas.

En este momento donde la vida consagrada se está replanteando los lugares en los que tiene que hacerse presente y está en pleno proceso de aceptación de este tiempo ¿por dónde cree usted que puede ir abriendo horizontes este fenómeno de la reorganización?

Yo creo que la vida consagrada, por la sabiduría que los propios carismas le dan, está haciendo una reorganización que es profética para toda la Iglesia. A mí me cuesta mucho hacer de dos Parroquias una, pero en la vida consagrada ya se está haciendo ese esfuerzo. Y así podemos entender que la razón de este proceso no es que haya poca gente en las comunidades, sino que juntos podemos hacer mucho más. Juntos podemos hacer presencia real, y si contamos con laicos que viven de forma especial ese carisma, podemos hacer todavía más.

Estoy asistiendo como presidente de la Comisión de Apostolado Seglar a encuentros con laicos que son una maravilla. La vida consagrada ha gastado mucho en preparar a esos laicos, y hay una vitalidad que aplaudo. Son auténticos profetas.

 ¿Falta conocimiento mutuo entre la vida consagrada y el resto de los miembros de la Iglesia?

Creo que sí, pero la vida consagrada se conoce. Yo entro en todos los lugares, y he visto tal riqueza y hondura evangélica… Se escriben muchas páginas del Evangelio en Madrid. Yo tengo en mi diario, que hago por las noches, verdaderas páginas del Evangelio, porque eso son las personas que me encuentro en los grupos. Ojalá se pudiese publicar para que la gente se diera cuenta de lo que está sucediendo, porque las comunidades no hacen grandes alardes para que se vea. Lo viven desde la entrega total y absoluta de la vida.

Ya que estamos hablando de la vida religiosa, que es predominantemente femenina, y que se presenta como el rostro palpable de la Iglesia que cura y que sana, ¿cómo valora la comisión que ha creado el Papa para estudiar la posibilidad de que las mujeres puedan ser ordenadas diaconisas?

El Papa no se cierra a ningún estudio, y eso es muy bueno. La gente, sobre todo los que están más alejados de la Iglesia, tienen que ver que no hay miedo a estudiar las cosas, a poner boca arriba las cartas de la baraja. ¡Estamos jugando con las cartas de la baraja que Dios nos ha dado! Y Dios, para venir a este mundo, eligió a una mujer. Para tomar rostro humano, eligió a una mujer. Para decirnos a los hombres quiénes éramos, eligió a una mujer. Para protagonizar la vida y hacernos ver que para Él no hay nada imposible, lo manifestó y lo expresó con una mujer. ¿Por qué no vamos a estudiarlo? Si queremos que la Iglesia la dirija el Espíritu Santo, tendremos que dejar que el Espíritu nos diga por dónde tenemos que avanzar, como lo ha hecho siempre. No hay que tener miedo de lo que diga el Espíritu.

No sé qué concluirá el estudio, pero lo que no podemos hacer es crear problemas donde no los hay. Nuestro Señor envió el Espíritu Santo a la Iglesia desde el principio, como lo había prometido, y lo que hicieron los primeros cristianos fue salir. Quizás, cuando la Iglesia está detenida, es cuando se plantea cosas que no tienen importancia. Cuando salimos, descubrimos que lo más urgente es anunciar a Jesucristo con palabras y, sobre todo, con obras. Creo que el Papa nos está poniendo en esta dinámica, porque si salimos, veremos lo que es importante y lo que es secundario.

 Una pregunta más personal. ¿Cómo descubrió Carlos Osoro a Dios?

Siempre doy gracias por los primeros catequistas que tuve: mis padres. Ellos me enseñaron las primeras oraciones, y me explicaron con gestos, con su vida misma, que la fe afecta a la vida. Es decir, hay que perdonar, hay que quererse, hay que vivir para el otro… En la familia es donde mejor se aprende a vivir para los demás. No estoy canonizando a mi familia, que era normal y corriente. Tuve unos padres que creían, que alimentaban la fe… Pero en mi casa el pobre era importante. Yo vi en casa de mi abuela como había una habitación para los pobres que iban pidiendo por los pueblos. Todo eso ha marcado mi vida.

Después, Dios ha querido que lo descubriese y sintiese el gozo de meterle en mi vida y en mi corazón, y de encontrar la diferencia que existe cuando tienes Su luz y cuando no la tienes. Todo esto te hace tomar opciones definitivas. Recuerdo que cuando empecé a dar clase vi que podía dar más a esos jóvenes de lo que estaba ofreciendo. No digo que la sabiduría humana no sea necesaria, pero creo que el Señor me pedía, y así lo he percibido y así lo digo con seguridad, que diese claramente la noticia de quien da la verdadera sabiduría a los hombres.

 Hace especial referencia a los jóvenes…

Siempre digo que tienen unas antenas especiales para captar lo que está sucediendo, los problemas reales, y también el futuro. En mi época de cura, vi situaciones tremendas: empezaba la droga en España, y los chavales a veces más sensibles eran los que más padecían.

 Pero ahora quizás los jóvenes no vean a la Iglesia como algo atractivo. ¿Qué tiene que hacer la institución para que su mensaje les llegue?

Yo creo que a los jóvenes les llega el mensaje del papa Francisco, y se entusiasman con sus palabras. Muchos se han puesto a caminar en todas las latitudes de la Tierra, y lo que dice el Papa no es secundario. Hay que tomar decisiones y hablar con el ejemplo, con obras… como lo está haciendo él.

Los jóvenes escuchan muy bien, y hay que decirles la verdad. Cuando queremos captarles lo notan, y piensan que les estamos engañando. Pero cuando les decimos la verdad, son gente muy generosa y con una capacidad de entrega muy grande. Y cuando se fían de ti, les pides y te dan.

Creo profundamente en los jóvenes, y estamos destrozando a algunas generaciones por no acercarles con valentía la fuerza del Evangelio. Y tenemos una responsabilidad con ellos: les estamos dando cosas que no les hacen felices, y no les damos a quien hace posible la verdadera felicidad. Hay que insistir en presentar a Jesucristo tal cual, sin darles sucedáneos o entretenimientos. Él es el único que puede dar plenitud a sus vidas, a sus ansias de felicidad y de verdad.

La Iglesia tiene mucho que aprender de los jóvenes.

Una valoración de los dos años que lleva en Madrid…

Los mejores para valorarlos son los que están fuera.

Lo que puedo decir es que han sido dos años en los que no he tenido tiempo para mí, y lo digo sin querer ser soberbio. Mi vida ha sido para los demás.

He intentado estar muy cerca de nuestro Señor y pedirle luz para que la palabra que yo dijese fuese la que Él quiere que diga. Han sido dos años de entrega, de conocimiento de la diócesis, y para ello he recorrido muchas comunidades parroquiales, he visto creo que casi todas las comunidades religiosas…

No sé cómo estarán ellos, a mí me han enriquecido mucho.

Esta entrevista la van a leer miles de comunidades religiosas. ¿Qué les diría a todos esos religiosos?

Que apuesten por mostrar el Reino de Dios como lo están haciendo, que no tengan miedo.

Que sean fieles al carisma que les ha hecho vivir en una familia y que demuestren que lo que tienen en esa familia es de Dios. Y si es de Dios, no hay miedo a nada, porque va a fructificar. Ahora sí, que se empeñen en vivirlo con profundidad.

El carisma no es un anecdotario, es una forma de existencia que se tiene que mostrar en realidades concretas.

En las comunidades no hay un líder, todos tiene que ser líderes, porque el líder lo puso el Señor para regalarles el carisma, y Él mismo no quiso estar solo, sino que quiso hacer una comunidad.

Vr, (nov 2016) nº 9, vol 121