CUANDO DIOS HABLA…

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Ventanas que dan a Dios. Experiencia humana y ejercicio espiritual, Sal Terrae, Santander, 2011, 269 pp. José Antonio García, sj.
Con la afirmación “Dios es una presencia real y todas las experiencias humanas están llamadas a ser ventanas que dan a Él”, comienza e hila J. A. García toda la reflexión teológica de esta sugestiva obra. Los otros hilos conductores son la espiritualidad ignaciana “buscar y hallar a Dios en todas las cosas”, y en tercer lugar repensar las dos afirmaciones anteriores al interior de la cultura actual -no en sus márgenes-, una cultura que en ocasiones se muestra indiferente, hostil o escéptica ante la experiencia religiosa. El autor esboza lo que va a ser el contenido con su propia confesión de fe: “Creo en Dios como presencia real que da razón, sostiene y alienta amorosamente la creación entera, y en ella también mi vida. Me alegra profundamente tener un Dios así, amoroso y libre, cuyo mayor deseo es que el mundo sea casa, y la humanidad su familia…” J. A. García pretende mostrar cómo el ser humano puede descubrir a Dios en las cosas creadas y en ese encuentro puede experimentar el amor y la llamada de quién las ha creado. La realidad creada por Él es siempre sacramento misterioso de su presencia, no objeto adecuado de ninguna comprensión humana.
Partiendo de estas premisas García se pregunta en el primer capítulo por la Presencia: ¿Dónde y cómo está Dios?; por las “Fuentes del yo”, donde propone la existencia como precedida de un Amor y una Llamada que la fundamentan; nuestros deseos, el deseo de Dios que Ignacio de Loyola desarrollaría en la “Contemplación para alcanzar amor”, mirar la realidad como un lugar donde Dios es y está “dándola y dándose en ella” (EE 234). A continuación presenta los conceptos de intimidad e intimismo, la providencia de Dios en el Dios que provee a Jesús, la presencia de Dios en nuestro pecado… Especial mención requiere el capítulo titulado “Éxito” no es ninguno de los nombres de Dios, tampoco lo es “fracaso”; y el dedicado a la voluntad de Dios, donde pone en sinergia voluntad divina y realización humana. La tercera parte se compone de varias palabras: paz, misión y espíritu, y por otro lado “el oficio de consolar” y la mistagogia ignaciana del “buscar y hallar a Dios en todas las cosas”. Por último desarrolla un breve epílogo donde hace una síntesis espiritual de tres hombres fundamentales: Teilhard, Rahner y von Balthasar.
Este libro está escrito con la intención de fundamentar la fe y el proceso espiritual en el interior de nuestra cultura tratando de vivir la fe, interior y exteriormente, sin complejos, pero de un modo humilde y confesante. La realidad, no es sin más algo que lleva a Dios, sino que requiere pasar las experiencias humanas por un proceso espiritual que capacite a quien las vive para contemplarlas como sacramentos de su Presencia, para descubrirle a Él en ellas. Eso es lo que hace al exponer algunas de las experiencias humanas básicas en el proceso espiritual ignaciano que, perforándolas hacia dentro, permite descubrir en ellas a Dios.