Disfrutar el Evangelio

El verano pasado tuve la suerte de hacer Ejercicios con Toni Catalá y él nos dio una clave preciosa. Nos decía que en muchas ocasiones nos medimos con los textos del Evangelio y nos entristecemos porque no llegamos, porque “no damos la talla”, y que teníamos que salir de ese círculo y recuperar el disfrutar con el Evangelio, el conmovernos y emocionarnos por lo que Jesús vive, por su modo de mostrar la ternura de Dios con los pequeños y abatidos; contemplarle ahí y pedirle que algo se nos contagie. Encendió en mí el deseo de recuperar la gratuidad y la belleza del Evangelio y en esos días se me abrió como nunca el texto de Zaqueo.

Yo llegaba con mi mochila llena, después de un curso muy intenso, con desorden interior y con muchas cosas pesadas dentro de la bolsa que quería mirar, colocar, recibir perdón…y de pronto ese pasaje me abrazó como una noticia tremendamente buena. La sorpresa llegó a través de estas cuatro palabras: “Lo recibió muy contento” (Lc 19, 6), como si de repente llenaran de luz todo el relato y esa mochila repleta que yo traía quedara a la sombra. Ni siquiera tenía que mirarla, no se me pedía cuentas (aunque yo quería darlas), solo tenía que ahondar en esa apertura: “lo recibió”. No tenía que hacer otra cosa más que abrir mi vida tal y como estaba y dejarle entrar,  pero no de cualquier manera, ni siquiera excusándome, ni sintiendo vergüenza por las habitaciones más sombrías, sino todo lo contrario: “muy contenta”;  desbordada de alegría, no por mí  sino por él, no por el camino que yo había recorrido sino por el que él quería recorrer de nuevo en mí; no porque mi casa estuviera digna sino porque era su presencia la que la embellecía con esplendidez. Se me grabó hondamente que este gesto es lo que Jesús más desea, y fue como si comprendiera por primera vez que esa es precisamente la única respuesta que él espera de nosotros y que recibirle con alegría tiene que ver con hacer su voluntad.

Durante los Ejercicios me pasé diciendo cada día en la eucaristía: “Señor, no soy digna de que entres en mi casa ¡pero te recibo con tanto contento!”, y aún sonrío pensando que Él prefiere esta modalidad. No sé por qué me salió hoy compartiros esto, quizás porque esta tarde de domingo se estaba poniendo gris y porque todos necesitamos volver sobre experiencias que nos sanan.

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