Coladores ambulantes

Pero, ¿de quién habrá sido el principio: “el nivel de eficacia se mide por el número de cosas que uno es capaz de hacer a la vez”? Lo siento, no estoy de acuerdo. Así, lo único que conseguimos es ser “coladores ambulantes”, personas que van haciendo pero perdiendo –y esto sí a la vez- lo que hacen. Y así, viviendo frenéticamente, “haciendo muchas cosas” luego decimos sentirnos “extrañamente vacíos.”

En esto los Consagrados deberíamos ser “antisistema”, pacíficos sí, pero antisistema. Ser verdaderos monjes en nuestro interior, es decir, personas unificadas. Y esto sólo se consigue a base de la ascesis del “estar todo entero” en lo que hago. Ya lo decían los antiguos: Age quod agis, haz lo que haces.

¡Nada más ni nada menos! Por eso, san Benito nos inculca que el oratorio sea para lo que es, que mientras oramos nuestra mente concuerde con nuestra voz y… ¡Dios mío! cuántas palabras de la Palabra desparramadas por el suelo… y cuántos hermanos ni mirados a los ojos y escuchados mecánicamente mientras llevamos otras cosas entre manos… Y así, en vez de ser “portadores de Cristo” se nos escapa Cristo en su Palabra y en los hermanos…

Y no es que quiera ser pesimista pues sé muy bien que los acontecimientos importantes no  “cuelan”  pues no hay “agujero” tan grande pero, ¡no perdamos la gracia diaria manifestada en lo cotidiano y en lo que no ve nadie!

“Peregrinos al ritmo de Dios” titulé este apartado para ir descubriendo en mi vida y compartiendo con sencillez que el ritmo de Dios es armonioso y desconcertante a la vez, y que hace falta salir de sí mismos –de ahí el peregrinaje- para escuchar y para ver.

Dejémonos amar por Dios en los hermanos para que Dios por su medio vaya sanando nuestras heridas y nuestro “colador” se vaya transformando en un cuenco que cada día, una vez lleno, rebose y se dé.

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