Las pagas del hambre

Los desvelos del amor

Si, si… no me he confundido de título. Este es el epígrafe donde el Papa Francisco, en su nueva encíclica, enmarca la torpeza y la grandeza de la política. 

Y es donde a mí me da por situar la realidad de los barrios: con gente confinada, obligada a recortes, sustentada con contratos basura con pagos en negro y obligada a un futuro incierto. Eso sí, el ministerio de propaganda funciona bien, como en cualquier régimen que se precie, para dar la solución pragmática a las crisis. De las colas del hambre a la pagas de renta mínima de ayer, traducidas en ingresos mínimos vitales de hoy.

Es una manera de entretener a ese “pueblo ciudadano” pidiendo la vez en colas de pagas matutinas y alimentos vespertinos. Una práctica política que provoca “el escándalo de la pobreza promoviendo estrategias de contención que únicamente tranquilicen y conviertan a los pobres en seres domesticados e inofensivos” (n. 187 Fratelli Tutti).

Hasta aquí una torpeza repetida que se hunde en el ADN de nuestra gestión nacional de las crisis. Un proceder que bloquea el sistema de gestión social y deriva a los ciudadanos a las Cáritas parroquiales.

La fraternidad real exige –según Francisco- que los políticos se preocupen “de la fragilidad, de la fragilidad de los pueblos y de las personas”. Y eso no casa con la promesa y aprobación reiteradas de pagas y pagas, para las que no hay fondos, y que solo alimentan los votos de partidos residuales y oportunistas: “El político es un hacedor, un constructor con grandes objetivos, con mirada amplia, realista y pragmática, aún más allá de su propio país. Las mayores angustias de un político no deberían ser las causadas por una caída en las encuestas… hemos de evitar toda tentación de caer en un nominalismo declaracionista con efecto tranquilizador en las conciencias”. (n. 188 Fratelli Tutti).  

No añado más; sólo que las pagas así son para el hambre.

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