Miedo a la cruz

Vivimos miedos que brotan tras la época más segura de la historia. 

Los miedos a la «cruz de cada día» generan reacciones de lo más original. Hay que poseer una inteligencia interpersonal sana para no bloquearse ante los miedos de los demás. Pedro pretende que sus miedos detengan a Jesús y que le dejen vivir. Mientras que Jesús, recibe el testigo con cierta violencia. «Tus miedos no son los míos» -podría haberle dicho-, pero se lo manifestó con la referencia de la cruz, suplicio y salvación.

En estos tiempos, la cruz se nos hace pesada, muy pesada. Queremos que la pandemia acabe, se detenga, nos permita vivir como antes. Sin llegar a reconocer, que antes no estábamos del todo bien. 

En estos días, la cruz nos apaga el entusiasmo. Se nos han acabado las pretensiones de invertir en todo lo que tenga que ver con futuro. Sin llegar a comprender, que antes nos comía el bolsillo y el corazón todo lo adquirido.

Los miedos de Pedro, son los nuestros, no los de Dios. Por eso, ante la Palabra que se nos va a pronunciar este domingo, dobleguémonos y asintamos ante aquel, que por nosotros, levantó la cruz. Sin miedo.

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