Indiferencia

indifference“No hay mayor desprecio que no hacer aprecio”. Esta desafección nos parapeta ante el sufrimiento y ante el gozo, olvida al hermano y hiere el corazón de Dios; por toparse con nuestros silencios, desapegos y olvidos.

El banquete de bodas ha sido una imagen usada por los profetas para explicar el gozo de Dios por hacernos partícipes de su amor. Cuando celebramos una boda en la familia necesitamos que nuestros familiares, amigos, compañeros y vecinos confirmen asistencia. De la misma forma, Dios Padre nos invita -por la encarnación de su Hijo- a la alianza de bodas con la humanidad y que merece la pena ser celebrada.

¿Cómo respondemos ante la invitación? Cualquier banquete resulta carísimo. Pero, en este caso, cuesta sangre; la sangre de Jesús derramada sin sentido por ser fiel a su ser humanidad. ¿Quién se atreve a despreciar tal gesto inmerecido de amor?

Muchos años, he desoído esa invitación por no sentirme suficientemente afectado. Muchos domingos he puesto muchas excusas para no acercarme al banquete de la Misa.  En muchos momentos hasta he ridiculizado la desproporción con la que Dios nos entregó a Jesús. Por no sentirme impelido acabé en indiferencia. ¡Como muchos!

Jesús usa la parábola para dar cuerpo a ese olvido mío. Hace dos mil años que prevé mi respuesta. ¡Qué pena! Tan actuales los argumentos y tan antiguas las respuestas. Ciertamente la respuesta del rey de la parábola nos suena a desproporcionada y sangrienta. Y he de reconocer que es la única manera de comprender la entrega del único hijo a una muerte de cruz.

Son más duras las excusas que seguimos poniendo para entrar en la fiesta del Reino. Y más extrañas las entradas al banquete en los funerales obligados, los bautizos socializados o las bodas invitadas… En esos momentos, ¿cómo entro, cómo estoy, cómo me comporto o me visto? El paso de la indiferencia a la mofa, en muchos casos es lo que justifica ese “atar a pies y manos” al que entra a última hora sin saber ni a lo que va.

 

Si todo este evangelio -y el contraste que provoca la parábola- sirve para darme cuenta de la violencia que genera mi indiferencia ya merece la pena tener entre mis manos la invitación a una boda.

 

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