Resucitar a la esperanza

En verdad no puedo engañarme o engañarles con relación a situaciones y hechos que nos piden una seria reflexión y una búsqueda serena y sincera de nuevos caminos. Ser conscientes de los asuntos críticos de esta época para nuestro estilo de vida y los generados desde dentro del mismo, no significa que por ello perdamos la fe y la esperanza en la acción del Espíritu en la historia y en la capacidad de quienes hemos sido agraciados con los carismas de nuestras comunidades u órdenes, para seguir en la vida, de pie, aunque tengamos sesenta, setenta o más años.

Siguen llegando nuevas generaciones a la vida religiosa, en unos continentes más que en otros. Y ante ellas, los adultos tenemos una gran responsabilidad. No es con discursos lastimeros o con deseos de regresar a modelos del pasado, como podemos gestar una vida religiosa de hombres y mujeres apasionados por Jesucristo y el Reino de Dios predicado por El. Urge, entonces, superar algunos discursos que no corresponden a los intereses ni a las preocupaciones de las nuevas generaciones y, en cambio, sí pueden responder a las marcas y señales de amargura que algunas luchas fallidas del pasado hayan podido causar en algunos y algunas de nosotros, adultos y adultas.

Fortalecer la vida desarrollando una intensa experiencia espiritual que nos haga firmes en la esperanza, avanzar en la confianza sin condiciones en el Dios de la vida. El Dios que mantiene la fuerza de los pobres, más allá de todas las señales de muerte de este tiempo de globalización de la violencia. A los pobres solo les queda Dios y es posible que tengamos que decir que a la vida religiosa de algunos mundos solo le queda Dios. Se han acabado tantas seguridades fundadas en instituciones, obras y proyecciones que tuvieron tanto valor en otros tiempos.

Resucitar a la esperanza en esta Pascua puede ser tan importante como mantener la fe, porque es ella la que nos posibilita vivir en la alegría, en la jovialidad, en la capacidad de soñar y diseñar, crear y provocar, creer y avanzar.

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