La compleja posibilidad de perdonar

Perdonar no es solo un acto de sujetos, hombres o mujeres, sino que igualmente es necesario descubrir la dinámica del perdón también para las instituciones y para la sociedad. Mal podríamos hablar de un perdón que no toque las estructuras que generan miseria, pobreza, desigualdad y exclusión.

Perdonar a quienes nos han ofendido y lacerado la tranquilidad del corazón, destruyendo ilusiones y anhelos de solidaridad, confianza y paz. No es posible el perdón sin una disposición a entrar en la profundidad del ser reconociendo que sufrimos más por no perdonar viviendo la competencia y la rivalidad, las mentiras y las envidias. Perdonar es divino, porque solo cuando entra en la médula la Palabra Evangélica que invita a perdonar a quienes nos han ofendido, nos liberamos de las naturales y humanas consecuencias de las ofensas proferidas o recibidas.

Pero igualmente las instituciones deberían pedir perdón. ¿Qué tal si el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y los organismos internacionales de control de las economías, pidieran perdón por las políticas que imponen a los países dependientes de sus decisiones y se comprometieran a una protección de sus intereses y a una globalización de la solidaridad? ¿Qué pasaría si todas las fábricas de armamento y sus propietarios pidieran perdón a tantas víctimas de las guerras y en lugar de ellas se financiaran programas de agricultura y protección de la tierra? ¿Será pensable una petición de perdón y una enmienda radical por parte de quienes han promovido la segregación racial, la trata de personas, la persecución a los inmigrantes, la exclusión por la orientación sexual, la prostitución, el tráfico de órganos y tantos otros crímenes institucionales de este tiempo?

Por utópico que parezca el perdón desde las instituciones, no deja de ser una urgente llamada a la toma de conciencia acerca de las diversas dimensiones que el perdón evangélico conlleva. Y la vida religiosa, en sus instancias institucionales, también tendrá que perdonar y ser perdonada. Porque también ella está urgida de este perdón que sana.

 

 

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